Lo bueno del bingo: juega hasta tu tío el serio
Aquí no hay que explicar reglas raras. Es bingo. Todo el mundo sabe jugar. Y si no… miente.
¿Quién no ha estado en unas fiestas de pueblo cantando bingo en ese trance raro pero dulce entre la Orquesta Panorama y la discomóvil? Todos esperando la linea que no llega o el bingo que se hace de rogar. Pues esto es lo mismo, pero en tu boda. Números, bombo y premio. Sin inventos.
Lo reparten, van tachando a lo largo del cóctel o la cena, se van picando (en el buen sentido) y, sin darte cuenta, se mezclan los grupos. Y cuando alguien canta BINGO… ya tienes el momento.